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viernes, 12 de diciembre de 2014

Texto: Alberto Marcos Barbado





APORTACIONES DEL MONOTIPO A LA ESTAMPA MODERNA
El arte múltiple ha estado relacionado desde su descubrimiento con la cultura humana y su difusión. Hasta la llegada de la fotografía las imágenes impresas eran uno de los mejores medios de comunicación, faceta que hasta ese momento compaginaban con una vertiente artística creciente pero escasa. A partir del siglo XIX su uso comunicativo pasó a un segundo plano y las imágenes impresas tomaron verdadera conciencia de su capacidad artística.

Ya desde los orígenes de la estampa existían técnicas en las que pesaba más esta experiencia de lo artístico que el uso comunicativo, este es el caso del monotipo, que desde el primer momento se encargó de evidenciar ciertas cualidades creativas y estéticas que se podían encontrar en las imágenes impresas y que se situaban más allá de lo meramente reproductivo. Estos aspectos sumaban un componente de modernidad muy fascinante al universo gráfico, aunque se debieran a sus limitaciones comunicativas, y sirvieron para poner de relieve una realidad creativa de las imágenes impresas que en aquel comienzo era difícil de valorar y que hoy ya nadie duda.

Por esto nos gustaría destacar esas cualidades sobre las que el monotipo puso el foco y que atañen a la experiencia gráfica, ya que es importante valorar cómo el monotipo se enfrentó a lo múltiple dando la importancia que aún no se había dado a la estética de lo impreso y a las particularidades creativas de los procesos indirectos más allá de su carácter funcional. Desgraciadamente el desarrollo de estas cuestiones se paralizó por la opresiva y obsesiva relación entre lo reproductivo y las técnicas de impresión, por lo que hubo que esperar para su pleno desarrollo a una sociedad más abierta, más moderna.





Aspectos conceptuales
La unicidad del monotipo va en contra de la naturaleza de las artes de la imprenta, de aquello que generó y generalizó su uso. Esta técnica se enfrentó a ese lado práctico de las estampas que en su origen sirvió para divulgar el conocimiento y más tarde incluso para ‘democratizar la posesión y disfrute de obras de arte’. El monotipo carecía de la capacidad de reproducción y por ello su uso subrayaba que se podían obtener estampas más allá de esta cuestión y sin dejar de lado las cualidades estéticas de lo impreso. Centraba así la atención en otras cuestiones importantes que hasta el momento no estaban siendo valoradas.

Crear una estampa es algo que va más allá de lo múltiple. La multiplicación de imágenes ha sido, y sigue siendo, una característica muy importante que ha ayudado enormemente a la transmisión del conocimiento humano. Del mismo modo el valor tradicional del arte impreso dentro del contexto artístico general ha estado notablemente marcado por esta cualidad. Incluso cuando lo múltiple actúa como cualidad estética o conceptual hay que reconocer su importancia. Pero no olvidemos que lo múltiple siempre hace referencia a una idea que se repite como un patrón más o menos veces dependiendo de las posibilidades de cada técnica. Sobre esta idea que genera la obra se pueden desarrollar las cualidades de lo impreso independientemente del número de copias que de ella se obtengan. El monotipo choca con la concepción clásica de la materialización repetitiva del arte impreso, pero no se enfrenta a ninguna otra cualidad formal, conceptual o práctica de las estampas. Tiene su particular apariencia, se obtiene mediante los mismos o similares procesos y genera semejantes formas de actuar para trasladar al soporte definitivo la imagen, lo que sin duda lo sitúa dentro de lo que habitualmente llamamos arte gráfico.

Llegados a este punto habría que plantearse qué es aquello que define el arte gráfico y hace que sea tan diferente, a estas alturas ya está claro que lo múltiple por sí solo no. Aquello que define al arte gráfico tiene mucho que ver con el desplazamiento[1] de la imagen durante su materialización, durante el proceso de impresión. Este desplazamiento, necesario e ineludible, sí está presente en todas las técnicas del arte gráfico, manifestándose formalmente a través de una uniformidad e invariabilidad de la imagen estampada que poco tiene que ver con el tipo de huella humana, momentánea e irrepetible que posibilitan las técnicas directas. En la superficie inmutable de las obras impresas la tinta da presencia a la imagen tamizando y ‘codificando’ los efectos de la luz e imponiéndose sobre los diferentes recursos formales en todos los puntos, lo que otorga una notable homogeneidad a la estampa. Esta uniformidad es una de sus cualidades estéticas más importantes y está presente -aunque de otro modo- también en el vídeo, la imagen generada por ordenador u otras representaciones que comienzan a acaparar el universo creativo y expositivo de las técnicas indirectas[2].

El monotipo desde su origen hizo ver que todo esto era importante y obligó a realizar un replanteamiento en torno a qué era verdaderamente una estampa, el problema era que todo esto se generó en el ámbito de la imprenta (múltiple y funcional) y probablemente por esta razón la lucha no dio frutos hasta la llegada de la fotografía, que obligó definitivamente a la modernización de la estampa y permitió apreciar estas obras desde otras perspectivas. Pero el monotipo planteó el debate dos siglos antes y contribuyó notablemente a dilatar la idea que se tenía del arte gráfico ya desde la etapa pre-fotográfica[3].





Otros aspectos reproductivos
Por otro lado el monotipo nos aporta la posibilidad de generar estampas desde el concepto de serie si queremos saciar ese anhelo de reproducción de una ‘misma’ idea. Las series son la falsa multiplicación de una idea, con un punto de partida semejante –no igual- y que por lo tanto generan imágenes siempre diferentes en lugar de una edición propiamente dicha[4].

Muchos de los artistas que han trabajado la técnica se sienten atraídos por esta posibilidad de trabajar modificando la idea a lo largo de toda una sesión de trabajo. Esto aporta a la estampación conceptos ligados a aquellos que se comenzaron a valorar en el arte en la segunda mitad del siglo XX, en los que era tan importante el proceso en sí como el resultado obtenido[5]. Toda esta aportación al concepto de serie nos la da el residuo de tinta que permanece en la plancha tras la impresión, y que sirve de recuerdo de la imagen impresa y punto de partida de la impresión futura. Al hacer esto con el residuo de un monotipo carecemos del esquema fijo y repetitivo de la huella grabada, por lo que es más sencillo experimentar libremente.





Aspectos procedimentales
El proceso inmediato a través del que la imagen es llevada a cabo con el monotipo implica un gran ahorro de esfuerzos y medios, acercando los procesos directos e indirectos de forma ciertamente interesante. No es tan directo como el dibujo o la pintura, ni tan indirecto como las artes gráficas.

En las técnicas múltiples cuando un grabador crea una imagen lo que hace es trabajar primero un “bajorrelieve” con la forma. Esta forma no tiene color, es solo un contenedor, una estructura que se llenará de tinta más adelante. La obra final es la suma de esa estructura y del color que va a hacer que tenga presencia ante nuestros ojos, por lo que cuando grabamos la huella en realidad trabajamos fundamentalmente la forma de los grafismos. Hasta que la obra no se imprime no sabemos si los pasos dados han sido adecuados o no, el grabador imagina el aspecto que tendrá la estampa pero no puede verlo hasta imprimir la imagen final.

Por esta razón a veces el proceso impone modos de trabajar que pueden desembocar en obras fascinantes, mientras que en otras ocasiones el resultado puede ser desalentador dado el modo en que se materializa la obra, lo cual es muy interesante pero a veces otorga demasiada importancia a la técnica. La experiencia facilita esta tarea, pero el peso de la técnica está siempre presente pudiendo enfriar el proceso notablemente.

En el monotipo la creación de la forma y la aplicación del tono se aúnan, con lo que el medio es más espontáneo. La imagen que hacemos es creada directamente con los elementos que intervienen en la estampación, con la tinta. Como consecuencia el resultado final es mucho más fácil de obtener e imaginar que en otras técnicas. La frescura que esto permite al trabajar es otra de las aportaciones de este medio. Del mismo modo tampoco puede decirse que sea una simple técnica de estampación ya que al imprimir un monotipo también damos forma a la imagen, lo cual no tiene nada que ver con el simple entintado de una matriz grabada.





Aspectos plásticos
Por otro lado está el tipo de mancha plana que se consigue estampando una superficie lisa sobre el papel, ya que esto produce imágenes muy diferentes a las de la mayoría de técnicas reproducibles (no así respecto a la litografía). Al aplicar la presión el papel recoge la tinta sin adentrarse en ningún hueco, lo que se traduce en una mancha plana, muy diferente de aquella que se potencia aún más mediante el pequeño bajorrelieve formado por las zonas de imagen/no imagen en la matriz grabada. No debemos obviar que estas cuestiones influyen de manera notable en la reflexión de la luz que incide sobre la superficie de la estampa y que las sensaciones que provoca un tipo u otro de mancha son muy diferentes.

Los tonos más densos pueden ser muy intensos, ya que las masas de tinta en una superficie plana siempre favorecerán más el efecto de brillo superficial que el de reflexión difusa (más aterciopelado), lo que sitúa la pureza de los colores en un plano de intensidad y luminosidad muy atractivo. Por su parte el aguatinta o la puntaseca, por ejemplo, ofrecen esos matices mucho más aterciopelados por la irregularidad que provoca en el papel la estampación bajo presión de la huella de la matriz.

Como sabemos todo esto depende de muchos factores y se puede variar modificando las cualidades de la tinta o del sustrato (papel o cualquier otro material) sobre el que está impresa la imagen, pero en líneas generales la impresión planográfica afecta de este modo a la estampa.

El monotipo nos da unos resultados fascinantes en la valoración de volúmenes y sombras permitiendo pasar del tono más luminoso al más profundo por el uso libre de la tinta como único elemento que compone la imagen. No se necesitan más elementos para generar la obra, por lo que su intensidad y poder de atracción es muy notable[6].

Solo teniendo en cuenta sus particularidades el monotipo podrá dejar de parecer la pobre versión de otras técnicas. Es indudable que su alcance va mucho más allá de sus orígenes y los estigmas que siempre le han acompañado. A lo largo de la historia ha sido una de las técnicas que más ha llamado la atención sobre las cualidades específicamente artísticas y creativas de la imagen impresa. Un medio que siempre estuvo esperando a que lo múltiple dejara espacio para valorar otras cuestiones que están por encima de lo funcional, que atañen a la obra impresa y que no deberían ser puestas en un segundo plano. El futuro de este tipo de obras pasa porque lo múltiple comparta asiento con otras muchas cualidades que definen y engrandecen al arte gráfico.














[1] FERNANDEZ-CID, M. “Referencias”, entrevista a Jesús Pastor en Grabado y Edición, Nº 40, (Sep. 2013). Pp. 22-31.
[2] La misma unidad formal de la que hablamos se da en la traducción en puntos de luz que ofrece la pantalla de televisión, ordenador, etc. o en las impresiones generadas mediante aparatos electrónicos e impresoras de todo tipo.
[3] Otras técnicas –monoimpresiones- se usaron también sin un objetivo reproductivo práctico, pero desde las posibilidades de lo múltiple más que desde la valoración de las cualidades estéticas y creativas del arte impreso per se (aunque esto pudiera también existir en un segundo plano).
[4] No obstante debe quedar claro que aunque reflexionar sobre estas cuestiones es interesante, el monotipo no debería “aspirar a la multiplicación” de imágenes por el hecho de haber nacido en el ámbito de la imprenta.
[5] MARTINEZ MORO, J. “Un ensayo sobre grabado (A finales del siglo XX)”; Ed. Creática, Santander 1998. p. 138.
[6] MARCOS BARBADO, A. “El monotipo. Análisis, fundamentos y nuevos desarrollos”, Tesis Doctoral leída en la Universidad de Granada, 2013. Pág. 52 y siguientes.

martes, 17 de febrero de 2009

¿QUÉ ES UN MONOTIPO?



EL MONOTIPO: SERIES EN TÉRMINOS DE EDICIÓN



Monotipo trazado


INTRODUCCIÓN
El monotipo siempre ha sido ignorado por ser una imagen impresa sin posibilidad de multiplicación. Esta es quizá la cualidad que más llama la atención en él y la que seguramente más ha influido en su desarrollo artístico e histórico. Al encontrase a medio camino entre la pintura, el dibujo y las artes gráficas este procedimiento siempre ha estado en una situación de abandono para la mayoría de artistas. Los grabadores más clásicos se niegan a considerarlo una técnica gráfica, ya que generalmente se entiende que éstas pueden reproducirse mecánicamente, y hay quien confiere a esta antigua característica su señal más distintiva. Mientras que los pintores y dibujantes lo excluyen de su terreno por su cualidad de imagen impresa, ya que esto le hace depender, por lo general, de los sistemas de estampación y toda su parafernalia.

Parece que por alguna razón mientras que en las artes gráficas en general se ha desarrollado una cierta libertad creativa en el siglo XX, el monotipo parece aún visto bajo el prisma de lo que en su día fueron las artes de la imprenta. Su naturaleza única es algo que le viene dado en contraposición al resto de técnicas gráficas, por lo que debería dejarse de lado para definir el monotipo en sí y valorar sus cualidades plásticas.


DEFINICIÓN

Esta una técnica con gran libertad en su ejecución y por lo tanto con infinitas posibilidades plásticas. Cuando nos desprendemos de toda posibilidad de fijar una huella como referencia para hacer la imagen, la pureza del proceso se lleva al límite, y eso se manifiesta en los resultados. Carece casi por completo de las imposiciones técnicas del grabado, lo que le acerca a las técnicas directas. La mayor barrera que ha dificultado a lo largo de la historia, y aún hoy en día, la creación de imágenes impresas ha sido la naturaleza técnica que siempre rodeó al arte gráfico. Está claro que aunque hoy en día la mayoría de personas que se dedican al arte han practicado el “grabado”, muchos lo consideran poco práctico por lo que en él pesa la teoría técnica, desde el uso de innumerables términos para referirse a técnicas o materiales hasta los numerosos e imprescindibles pasos de cada procedimiento.



La definición del término según el "Diccionario del Dibujo y la Estampa” sería la siguiente:



“Estampa a la que se transfiere por contacto la imagen pintada o dibujada en un soporte rígido cuando el pigmento está todavía fresco. Desde el punto de vista no solo de la técnica sino también del lenguaje, el monotipo está a caballo entre la pintura, el dibujo y el arte gráfico, con el que coincide en el hecho de que el producto final es una estampa, es decir, el soporte que contiene la imagen definitiva es distinto de aquél en el que ha intervenido el artista. Sin embargo, se diferencia del arte gráfico en la más específica genuina y peculiar de sus características: la multiplicidad del producto. En efecto, al no ser fijada permanentemente la impronta en el soporte y, en consecuencia, no ser entintada durante la estampación – el propio pigmento empleado por el artista es el que crea la imagen transferida-, resulta imposible obtener más de una estampa por este método – de ahí su nombre -. El pigmento usado con mayor frecuencia para pintar es el óleo.Aunque conocido desde el siglo XVII, han sido los artistas del XX quienes se han sentido verdaderamente atraídos hacia el monotipo debido a la originalidad de sus texturas[1]”.

El primer término que se conoce para referirse a la técnica es el de imitating aquatint, empleado por Adam Bartsch ya en 1821 (casi dos siglos despues de su invención) en ‘Le peintre graveur’ donde se hace la primera descripción del proceso, y que hace referencia a sus características plásticas. Degas prefería llamarlos "dessins faits avec l’encre grasse et imprimés". El ambiente en que nace la técnica coartó sus posibilidades, ya que todo artista que la probaba lo hacía un tanto recreativamente, de ahí que no tuviese un verdadero nombre hasta mucho después de su invención. El término monotipo parece que fue inventado por Charles A. Walker en 1880-81 aproximadamente[2].

Sin duda la monoimpresión es el término por excelencia con el que se suele confundir al monotipo. Pero la diferencia, según se entienden hoy en día ambos términos, viene dada por el modo en que esa unicidad se manifiesta en la estampa.



Monoimpresión. La imagen grabada se muestra en tinta negra, el papel sobre el que se estampa es amarillo y azul, diferente en cada impresión





Monoimpresión. En este caso variar el papel hace que cada imagen sea única


Generalmente se denomina monoimpresión a aquellas estampas sacadas de una matriz grabada de la que no se hace edición por circunstancias artísticas o económicas, no es la técnica lo que determina su carácter único. También por extensión a aquellas que se retocan en segunda instancia mediante diversos procedimientos.


Con el transcurso de los años y las diferentes modas y gustos que se manifestaron en el entorno de las artes gráficas, se fueron replanteando los pilares de reproducción sobre los que se había basado la aparición de las imágenes impresas. Así se generalizó el término y por ello tiene significados que no abarcan todas las características específicas del monotipo o que rebasan esta técnica en determinados aspectos. En al monoimpresión las variaciones que hacen única a la copia se llevan a cabo durante o después de la estampación de la imagen, mientras que en el monotipo se hacen durante y después de la concepción, creación y estampado de la misma.

Por comparación con otros tipos de sistemas de creación de imágenes impresas ya hemos señalado que el monotipo puede ser entendido dentro de unas premisas de libertad creativa, riqueza y variedad de resultados que están por encima de cualquier otra técnica.

En primer lugar hay que tener en cuenta ciertos ASPECTOS TÉCNICOS, como la superficie plana en la que se crea la imagen, lo que evidentemente va a influir en el acabado, o el proceso directo e inmediato a través del que la imagen es llevada a cabo, lo cual se refiere a la no utilización de costosos pasos a seguir para fijar la imagen a la matriz. Por otro lado trabajar sólo con tinta o los elementos que conforman en sí la imagen va a subordinar todo el proceso a nuestro conocimiento de las posibilidades y propiedades de la tinta (vehículo, diluyentes, pigmento, etc.) y el papel (color, brillo, absorción, lisura, etc.).

De estos aspectos se deriva una APARIENCIA PLÁSTICA determinada: el tipo de mancha plana que se consigue a través del estampado de una superficie lisa a otra. No produce el mismo efecto visual una mancha plana que aquella que se produce mediante una diferenciación física de los puntos que conforman figura y fondo. El monotipo puede darnos unos resultados muy ricos en cuanto a la valoración de volúmenes y sombras, porque permite pasar del tono más luminoso al más profundo con un registro muy adecuado de sus cualidades. Cuando no necesitamos más que tinta a la hora de dar la valoración tonal su intensidad, y poder de atracción es mucho mayor. La tinta pasa al papel, que es el elemento luminoso sobre el que se deposita la imagen final, su claridad es determinante a la hora de valorar los tonos de la imagen. La transparencia de ésta se realza o disminuye por la acción del papel de impresión.

En cuanto al CARÁCTER ÚNICO del monotipo, es evidente que va en contra de la naturaleza del grabado y las artes gráficas, nacidas con el propósito de poder ser multiplicadas, Pero conceptualmente todos estos múltiples hacían referencia a una misma “idea única”, un modelo repetido, y hoy día no es ésta la principal característica que define una estampa.

Describiremos ahora los tres procedimientos que habitualmente se usan dentro del medio. Por las diferencias a la hora de obtener resultados comúnmente se suelen distinguir estos tres métodos: el aditivo, el sustractivo y el trazado.

EL MÉTODO ADITIVO
El proceso consiste en aplicar la tinta sobre un soporte liso, como puede ser el cobre, el cinc, el acetato, el cristal, etc. mediante cualquier herramienta que permita la creación de imágenes con el acabado que deseemos, para más tarde proceder de manera común a su estampación, manual o con tórculo sobre un papel. Lo que es muy sencillo o complicado en la práctica en función de nuestras necesidades o exigencias. Sobre esta explicación entran en juego numerosos factores que pueden hacer que el proceso se complique.


Monotipo aditivo estampado con tinta roja, gris y verde sobre papel amarillo y negro


Está claro que cuando trabajamos la imagen la pintura debe estar fresca, pues sus cualidades físicas de adherencia van a permitir el posterior paso de la estampación. En la pintura muchas veces se acostumbra a trabajar la imagen sobre una capa de materia seca para obtener una superposición tonal determinada. Esto no es posible en el monotipo y es una de las razones que le dan frescura. Al no poder trabajar una imagen durante largo tiempo estamos obligados a afrontar con un mayor desenfado la creación, lo que modifica nuestro acercamiento a la obra y el modo de lograr las metas que nos planteemos.



Detalle de un monotipo aditivo


Emplear tinta calcográfica u óleo, que suele ser lo habitual, nos va a posibilitar borrar y volver a empezar el total de la imagen o las partes que nos interesen, porque las pinturas oleosas retardan el secado manteniéndolo en unos tiempos largos que facilitarán el proceso. Por lo general se recomienda una pintura o una tinta a la que se le haya añadido un disolvente o algún aceite que permita trabajar los medios tonos con mayor facilidad y alargar su número considerablemente y con menor esfuerzo. Mientras que para aquellas zonas que se reserven los negros es conveniente una tinta o pintura más densa.

EL MÉTODO SUSTRACTIVO
Si en el anterior apartado veíamos la técnica de creación que más unida estaba a la pintura en sentido práctico, en la que nos ocupa vamos también a ver ese carácter pictórico, sobre todo por aspectos compositivos y procedimentales. Esto se debe a que trabajaremos de los tonos más intensos y puros a los más claros, con lo que ese restar materia nos ayudará a componer las escenas de un modo más general. Desde una idea de conjunto en la obra iremos obteniendo los detalles.


Monotipo sustractivo sobre papel azul


Aplicamos a la plancha una capa de tinta uniforme mediante un rodillo y trabajamos luego sobre esta superficie levantando la tinta en aquellas zonas en las que se deseen obtener luces y dejándola en las zonas más oscuras. Es una especie de manera negra por así decirlo, con lo que podemos hacernos una idea de las capacidades plásticas que tienen estas imágenes. La creación de la imagen que se persigue se puede realizar mediante todo tipo de útiles de dibujo que consideremos oportunos. El entintado de la plancha, es conveniente realizarlo con un rodillo de modo que la tinta se reparta por toda la superficie en una capa fina, pero consistente, y que respete los tonos más profundos. Para lograr determinados efectos otros recursos pueden ser interesantes.



Monotipo sustractivo sobre pulpa roja


Con pequeños toques de luz se acentúa más si cabe la luminosidad de los claros por contraste con los negros que les rodean. Los blancos parecen iluminarse con una fuerza mucho mayor en su oposición con el tono general del fondo. Su uso está ligado a las valoraciones de manchas planas que ofrecen la posibilidad de enriquecer la imagen a través de su oposición con la luz. En ella la línea, si se desea, tendrá una mayor importancia que en el monotipo por adición, dado que en principio es más sencilla su realización. Es un ejercicio muy interesante para aprender a valorar la obra de manera global, sin perderse en los detalles[3].

EL MÉTODO TRAZADO
“...Con un rodillo se cubre una hoja de papel ordinario con tinta de imprenta; después en otra hoja colocada encima, se dibuja lo que uno quiere, cuanto más duro y fino el lápiz (y el papel), más fina será la línea...”
Carta de Gaugin a Gustave Fayet, Marzo de 1902.

Como nos explica de primera mano Gauguin, el monotipo trazado no es ni más ni menos que eso, una transferencia de tinta a través de un soporte, un papel o cualquier superficie plana que permita la aplicación de una capa de tinta mediante un rodillo. Ésta se transfiere a otro dispuesto encima y por razón de la presión ejercida con cualquier útil de dibujo en el reverso, un lápiz es lo más normal por su dureza, textura y la finura de su trazo. Es quizá el procedimiento de estampación más práctico y sencillo que se puede llevar a cabo para lograr una imagen. Por la presión del lápiz sobre el dorso del papel éste se pone en contacto con la superficie entintada y recibe la tinta que se transfiere mediante la presión.


Monotipo trazado con tinta negra sobre papel blanco 
En el monotipo trazado vamos a valorar las imágenes desde una casi obligada traducción de las formas en líneas. El principal inconveniente del uso de manchas está en que la presión a través de la cual se realiza la impresión es muy costosa al ejercerse manualmente por obligación. Sin embargo cuando dibujamos líneas se reduce la superficie y se imprime con mayor sencillez y calidad. De este modo se traza una línea en el papel para la impresión semejante a la que traza el elemento o útil de dibujo empleado para crear la imagen.


Monotipo trazado, detalle


El monotipo abre nuevos territorios en el campo de la gráfica al permitir una mayor mezcla de procesos desde el momento en que la imagen es ideada. Materializar la idea es en él lo mismo que crear y entintar la imagen en otras técnicas. Por ello afrontaremos el hecho creativo desde nuevas perspectivas, estaremos obligados a abandonar la idea de múltiple a favor de la experiencia plástica. Esto aporta a la estampación conceptos muy en la línea de aquellos que se comenzaron a valorar en el arte a partir de los años cincuenta, en la que interesaba tanto el proceso en sí como el resultado obtenido. Un nuevo mundo de posibilidades en el tratamiento de la imagen estampada se abre ante nosotros, ya que ésta puede ser empleada como medio o como fin dependiendo de nuestras necesidades creativas. 

Hoy en día, tras muchos siglos de búsquedas y de pretensiones de autonomía no podemos seguir defendiendo la estampación como un mero sistema de reproducción de obras, de manera que esto sea su cualidad más destacable. Está claro que fue una característica muy importante pero hoy en día hay muchas más peculiaridades en ellas. Se debe entender que las artes gráficas representan un modo de expresión muy particular desde el punto de vista de los atributos estéticos comunes a las obras de este tipo. Tienen unas capacidades que se desarrollan durante los procesos de concepción, realización y, sobre todo de impresión, que cual les transfiere una índole y características únicas como expresión artística. Esto no es nada nuevo, se descubrió y se valora desde que la aparición de la fotografía obligó a replantearse la identidad de la imagen impresa.





[1] Blas, J.; Ciruelos, A. y Barrena, C.: "Diccionario del Dibujo y la Estampa: Vocabulario y tesauro sobre las artes del dibujo, grabado, litografía y serigrafía". Real Academia de BB.AA. San Fernando, Calcografía Nacional, Madrid, 1996.

[2] Según MOSER, JOANN; “Singular impressions, The monotype in America”; National Mueseum of American Art by Smithsonian Institution Press; Washington; 1997. Pág. 1. El término se traduce como la “imitación del aguatinta”.

[3] -JANIS, EUGENIA PARRIS; “The Role of Monotype in the Working Method of Degas I”; The Burlington Magazine; Ene., 1967; Nº 766, págs.20-28. También en: “The Role of Monotype in the Working Method of Degas II”; The Burlington Magazine; Feb., 1967; Nº 767, págs.71-81. Así como: “An Autumnal landscape by Edgar Degas”; The Metropolitan Museum of Art, Vol. XXXI, Nº 4, Summer Bulletin, 1973. Esta autora ha desarrollado un excelente trabajo de investigación que se puede apreciar en estos artículos sobre el monotipo en la obra de Edgar Degas. En ellos plantea una acertadísima reflexión, fruto de una tesis doctoral, sobre la influencia del monotipo en el desarrollo de la obra pictórica de Degas, y cómo a través de esta técnica el artista francés logra llevar su pintura a un terreno menos dibujístico. Es muy importante el estudio sobre su obra tras el que se descubrió que numerosos de los más conocidos pasteles de Degas escondían monotipos sustractivos como base compositiva de sus escenas. Como resumen y colofón de su labor ver: “Degas Monotype, Essay, Catalogue and Checklist”; Fogg Art Museum; Harvard University, 1968.


Más información en mi tesis doctoral sobre el monotipo




o también en mi página de facebook
Puedes coger toda la información que quieras de esta página, es gratuita, pero por favor cítala en un lugar visible y respeta los derechos de propiedad intelectual.

Un ejemplo de cómo citar este artículo del blog:

MARCOS BARBADO, Alberto. Obra Gráfica de Alberto Marcos [Blog Internet]. España: Alberto Marcos, 2009. Febrero, [consulta ¿marzo?/¿2013?]. Disponible en http://albertomarcosdibujos.blogspot.com.es/2009/02/grabados-calcograficos.html

GALERÍA DE IMÁGENES




Monotipos aditivos


 "Libidinem VIII", monotipo aditivo de 52 x 41 cm.
Tinta negra y roja sobre pulpa de papel blanca, azul y amarilla



"Libidinem", monotipo aditivo de 40 x 30 cm. Tinta negra y gris
sobre pulpa de papel blanca, roja y amarilla



 "Libidinem II", monotipo aditivo de 40 x 30 cm. Tinta negra y gris
sobre pulpa de papel blanca, roja y amarilla


"Libidinem IV", monotipo aditivo de 40 x 30 cm. Tinta negra y gris
sobre pulpa de papel blanca, roja y amarilla


"Libidinem V", monotipo aditivo de 40 x 30 cm. Tinta negra y gris
sobre pulpa de papel blanca, roja y amarilla

"Praesentîa". Monotipo, 40 x 90 cm, Estampado con tinta negra,
verde y roja sobre papel amarillo hecho a mano. Tríptico




Monotipos sustractivos

"Deseo II". Monotipo sustractivo de 40 x 60 cm, Estampado a una tinta negra
sobre papel hecho a mano azul y blanco. Díptico


"Deseo". Monotipo sustractivo de 40 x 60 cm, Estampado a una tinta negra
sobre papel hecho a mano azul y blanco. Díptico

Monotipos trazados

 "Estro", Monotipo. Tinta negra sobre papel de 32 x 25 cm 



  "Estro", Monotipo. Tinta negra sobre papel de 32 x 25 cm



  "Estro", Monotipo. Tinta negra sobre papel de 32 x 25 cm



  "Estro", Monotipo. Tinta negra sobre papel de 32 x 25 cm



 "Estro", Monotipo. Tinta negra sobre papel de 32 x 25 cm



Mezcla de aditivos, sustractivos y trazado


"Exubêrantis", monotipo de 52 x 41 cm. Tinta roja, negra y amarilla
sobre pulpa de papel azul, roja y blanca


  "Iudicïum I", monotipo de 40 x 30 cm. Tinta negra, blanca y gris
sobre pulpa de papel azul y naranja



 "Iudicïum II", monotipo de 40 x 30 cm. Tinta negra, blanca y gris
sobre pulpa de papel azul y naranja



 "Iudicïum III", monotipo de 40 x 30 cm. Tinta negra, blanca y gris
sobre pulpa de papel azul y naranja